Movimiento libre. Beneficios y aplicación en los niñ@s

Movimiento libra para niños

El movimiento libre es una metodología basada en el respeto al niño.

Permite una forma diferente de establecer los roles entre los adultos y los niñ@s, ya que los padres, madres y educadores debemos de ocupar un lugar de igualdad y respeto para con los niños.

Esta metodología defiende que todos los niñ@s son capaces de desarrollar su motricidad, sin necesidad de ninguna ayuda por parte del adulto.

Cada niño tiene unos ritmos distintos.

Lo que sí es importante es que haya una relación entre el adulto y el niño estable, continua y exclusiva. De esta manera se crea y consolida un vínculo de apego seguro.

Los momentos rutinarios del día como el aseo o la comida, se convierten en momentos privilegiados, íntimos, de atención y contacto.

Los niñ@s aprenden de manera autónoma a moverse y a adoptar diferentes posturas. Volteo, sentarse, gatear, a jugar con sus manos y pies, para luego ir progresivamente pasando a tomar contacto con los objetos, personas…

De esta manera potenciamos que se sientan libres a nivel psicomotriz, para explorar su entorno y favorecer su autoaprendizaje.  

Dejándolos en libertad, con ropa cómoda y adecuada, dándoles un espacio amplio donde dejarlos hacer, etc. Contribuimos a un desarrollo natural y espontáneo. No interviniendo nunca en forzar posturas en los que no están preparados: darles la mano para caminar, sentarlos antes de tiempo…

De este modo, evolucionan a medida de sus posibilidades y no todos lo hacen al mismo tiempo.

Los adultos debemos convertirnos en meros observadores y acompañantes en este proceso. Así creamos una relación de apego efectiva, sólida y segura, haciendo saber al niño que tiene nuestra aceptación incondicional en todo momento.

Todo esto forma los cimientos para crear la seguridad emocional que los niños necesitan.

Precursores del movimiento libre

Muchas han sido las investigaciones en el campo de la motricidad global. Pero sin duda, la que ha marcado un antes y un después en este contexto ha sido la pediatra húngara Emmi Pikler.

Demuestra su “visión del niño como ser autónomo”. Su línea pedagógica se basa en los movimientos europeos reformistas de la época. Así, toma como referencia a María Montessori, Freinet, Freud, Bowlby, etc.

Niños jugando en una rampa

¿Qué aporta Emmi Pikler en el desarrollo del niño?

Con ella nace una nueva forma de entender al niño. Es importante tener un apego seguro, pero dando libertad de movimiento al niño, siendo el bebé el que tenga iniciativa en un ambiente y espacio positivo. Por supuesto, con una figura de referencia al lado.

En el Instituto Lóczy (residencia para la primera infancia enfocada a familias que no pueden mantener a sus bebés y darles unos cuidados básicos), es directora más de 30 años.

Allí realiza su tesis, pues observa, reflexiona y registra la actividad y rutina de cientos de niños. Se da cuenta de que lo más importante es ofrecer el máximo bienestar y favorecer el desarrollo físico, emocional, social y cognitivo de los bebés.

Por esa razón, su tesis alcanza validez científica. Crea un sistema educativo basado en el respeto al niño. Durante esos años, escribe numerosos libros donde plasma todas sus investigaciones. Por ello, es el gran referente hasta la fecha en el desarrollo motriz del bebé.

Beneficios del movimiento libre de Pikler

Cuando no interferimos en la propia evolución del niño, ni lo forzamos a que realice distintas posturas (a veces inconscientemente), estamos favoreciendo su autoconfianza. También fomentamos que tenga una menor frustración, un mayor equilibrio, mayor seguridad y armonía.

Para que todo esto se pueda dar, debemos crear unas condiciones ambientales favorables, creando entornos adaptados a sus necesidades, estando siempre atentos para poder intervenir en caso de necesidad.

Debemos crear espacios adaptados y motivadores, que estimulen su iniciativa, su movimiento y respetando siempre sus intereses según su edad.

Los ambientes han de ser estimulantes y cuidados para que todos los niñ@s puedan explorar, manipular y dar rienda suelta a su curiosidad e imaginación sin la intervención del adulto.

Para ello, necesitan tiempo y práctica, y nosotros debemos proporcionárselo.

Es en el contacto directo a través de nuestros gestos, palabras… donde nuestras intervenciones diarias cuando mostramos a los niñ@s nuestro respeto, en las comidas, baños, cambios de pañal, etc.

Movimiento libre: Cómo y cuándo aplicarlo en los niñ@s

A través de: intercambios verbales, las miradas, gestos, nuestra presencia atenta y comprensiva. Se establece una relación sólida donde fomentamos el movimiento libre de los niñ@s.

Los primeros meses de vida la mejor postura es la fetal o de ranita, puesto que es beneficiosa para su estado de relajación, tanto físico como emocional.

Es a partir de los dos o tres meses, cuando los bebés empiezan a experimentar con su propio cuerpo. Se empieza a ejercitar la motricidad gruesa. El mejor sitio para que ellos se sientan libres, seguros y autónomos es el suelo, siempre buscando el entorno seguro como hemos explicado anteriormente.

Niños jugando en una clase de la Escuela Infantil Fun Academy

De la misma manera, el movimiento libre supone que el niño al igual que construye sus fortalezas interiores con sus logros, lo hace a través de sus frustraciones y errores, ya que de ellas aprende.

Teniendo en cuenta que este proceso no es para todos los niñ@s igual, ni todos van a tener la misma autonomía, como educadores, padres, madres o acompañantes, debemos ser capaces de quedarnos a un lado. Debemos observar, descubrir y analizar todos sus procesos.

Nuestro verdadero rol debe ser de acompañante o guía, que no ponga obstáculos a los logros de los niñ@s y sepa cuál es el momento de la verdadera intervención.

“Si damos a los niños suficiente espacio y posibilidades para el movimiento libre, ellos se moverán hermosamente y con gracia como lo hacen los animales; ágilmente, simplemente, con confianza y naturalmente”

Dra. Emmi Pikler

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